Idioma griego


La lengua griega (Ελληνική γλώσσα) tal y como la conocemos hoy en día, tiene su origen en la época clásica, aunque ha sufrido fuertes transformaciones. En la actualidad su variante moderna (demotikí: ‘popular’) es el idioma oficial de Grecia y de Chipre. También existen en la actualidad minorías de lengua griega presentes desde hace más de dos mil años en el sur de Albania y el sur de Italia (Grecia Salentina) ubicada en el sur de la Puglia donde se habla el salentino, y en Bovesia y Reggio Calabria en el sur de Calabria donde se habla la lengua greka.

Igualmente existen minorías griegas desde hace más de dos mil años territorios hoy ocupados por Turquía, principalmente en Constantinopla, Esmirna, otras zonas de la Tracia Oriental y las costas anatólicas del Mar Egeo y el Mar de Mármara, de modo semejante son antiquísimas las muy pequeñas comunidades grecoparlantes existentes en algunos sitios costeros de la república de Georgia (incluyendo Pitiys en las costas de Abjasia) y la península de Crimea, las costas de Bulgaria y las costas de Rumania.

En cambio es recién desde fines del siglo XIX que existen algunas comunidades grecoparlantes descendientes de emigrados en Francia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Australia, Brasil, Argentina, México y Colombia. Pese al área de dispersión y su gran importancia histórica y filológica (por ejemplo, los idiomas europeos más importantes de la actualidad poseen millares de palabras de uso común con étimos griegos), se considera que el griego es hablado usualmente por unos dieciséis millones de personas en el 2006.

El idioma griego es en el presente el único representante de la subfamilia griega incluida en la gran familia de lenguas derivadas de un hipotético antepasado común conocido como indoeuropeo.

Constituyen esta familia lingüística del indoeuropeo como lenguas hermanas originarias del indoeuropeo: el sánscrito, el persa, el pali, el armenio, el albanés, el griego, el latín, el celta, el etrusco, el germano, el baltoeslavo, el extinto tocario etc. y todos los actuales idiomas indoeuropeos (castellano, francés, inglés, ruso, hindi, portugués, italiano (entre otros, por citar sólo los de mayor número de hablantes y difusión mundial).

De las estepas de Asia a Grecia

Esta lengua rica y flexible que ha sido el modelo de todas las lenguas posteriores no es sino una de las formas que tomó la lengua indoeuropea o, mejor dicho, el complejo de lenguas indoeuropeas que desde el V milenio aec fueron traídas por hordas nómadas a Europa desde las llanuras que se extienden de los Urales a los montes Tianshan, que cierran el paso al Xingiang y la Mongolia interior (hoy dentro de China). Otras hordas indoeuropeas, girando hacia el Sur, bordearon el Cáucaso hacia Anatolia, siguiendo algunas luego hacia el Irán y la India; o habían llegado al Irán directamente. Otras todavía se dirigieron hacia el Este, al otro lado del Tianshan, a la depresión del Tarim, en el actual Xingiang, donde posteriormente nació la lengua tocaria.

Las fechas son discutidas, pero en todo caso es claro que hacia el 3500 aec estos pueblos, infiltrados ya antes sin duda en Europa, destruyeron la llamada «cultura antigua europea», bien conocida en los Balcanes por sus representaciones líticas de dioses fálicos y animales, sus utensilios de cobre, sus aldeas, su preescritura.

Los indoeuropeos dejaron como huellas de su paso sus kurganes o túmulos sepulcrales que contienen esqueletos sobre una capa de ocre y al lado de caballos sacrificados; sus lugares fortificados (el de Vucedol al N. de Yugoslavia, de hacia el año 3000 aec, por ejemplo); otras huellas más. Desde el cuarto milenio tenían una cultura del bronce y carros tirados por caballos, que eran instrumentos de transporte y de guerra. Hay que pensar que el dialecto indoeuropeo del que luego surgió el griego, entre otras lenguas, es decir, el que también es llamado Indoeuropeo III, se habló al N. del Mar Negro y al S. de los Cárpatos en torno al año 3000 aec.

No son los más antiguos indoeuropeos. Es el grupo de pueblos que, por esas fechas, arrastraba a los futuros pueblos tracofrigio y armenio y que también penetró hacia el Sur, sin duda bordeando el Mar Caspio por la llanura de Gorgan, dando origen al indoiranio, testimoniado ya en Babilonia, en Anatolia (Mitanni) y en Palestina y Siria hacia la mitad del segundo milenio, ni más ni menos que el griego en Grecia. La expansión hacia Europa desde los Balcanes fue más reciente.

Dentro de todo este conjunto de lenguas, el griego y el indoiranio están muy emparentados, pero también coinciden en rasgos comunes con el tocario y las lenguas de Europa. Pues bien, conocemos en Anatolia lenguas mucho más arcaicas, que se separaron sin duda en fecha algo anterior: las llamadas «tablillas capadocias», de Kultepe y otros lugares, las más antiguas de hacia el 2000 aec, testimonian la existencia de estas otras lenguas, que luego se llamaron hitita, luvita, etc., desde fines del III milenio. Es el Indoeuropeo II, previo al III, del que descienden las lenguas indoeuropeas de Europa, el Irán y la India, también el tocario.

Dentro de este grupo III, lenguas europeas como el eslavo, el germánico, el latín y el celta pertenecen al que llamamos ΙΕ ΙΙΙΒ: son más recientes que el griego, traco frigio, armenio e indoiranio, que vienen del IE IIΙΑ. Sus «lenguas comunes» pueden fecharse, lo más pronto, hacia el año 1000 aec; lo cual no impide que haya habido antes indoeuropeos en Europa, procedentes de las anteriores oleadas. Concretamente, los que dejaron su huella en la hidronimia europea estudiada por H. Krahe y otros (tampoco tan antigua, maneja ya la oposición de masc. y fem.); y, quizá, los «pelasgos», de los que se ha propuesto hallar huellas en la toponimia prehelénica de Grecia y en préstamos en el griego.

El hecho es que la mayor parte de los investigadores coinciden en que el griego ingresó en Grecia desde el N. en torno al año 2000; se piensa que uno de sus dialectos, el dorio, penetró más tarde, en torno al año 1200. En realidad, que la invasión fue de N. a S. en el Irán, India, Anatolia, Grecia, Italia y España, es un hecho seguro; y todo indica que, de otra parte, Europa sufrió invasiones de E. a O. y Asia de O. a E. (la de los tocarios).<br />

En época histórica continuaron las invasiones indoeuropeas desde Asia Central hacia el sur: casitas (en Babilonia, s. s. XV aec), cimerios (Asia Menor, s. VII aec), kusanes (India, s. I aec), partos (Irán, s. II d. C); y hacia el O. (escitas). Y que, en Europa, los movimientos de pueblos indoeuropeos (eslavos, germanos y celtas) hacia el O. y el S. llegan a plena época histórica.

Así pues, los indoeuropeos partieron de un lugar intermedio, las llanuras del Asia central. Los testimonios lingüísticos, arqueológicos e históricos coinciden. Es lo mismo que sucedió en otras invasiones de nómadas asiáticos, de los hunos a los turcos y los mongoles y los demás.

Entre la hipótesis que postula las llanuras del N. del Mar Negro y la que propone las del E. de los Urales se tiende hoy, pues, a aceptar la última. El N. del Mar Negro, donde hay tantas huellas de los indoeuropeos antes de los Balcanes, fue simplemente una etapa intermedia o un lugar de paso. De allí procedería, concretamente, la horda que, separada ya de la parte de la misma que llevó hacia el E. y luego hacia el S. el indoiranio, trajo a Europa a griegos, tracofrigios y armenios.

Diversas teorías

Véase una exposición más detenida, con cita de la bibliografía, de las tesis de M. Gimbutas sobre las sucesivas invasiones indoeuropeas a partir del Asia Central, pasando por el N. del Mar Negro, en F. R. Adrados (1979a y 1998a). Allí se da igualmente una argumentación lingüística sobre la ola migratoria que llegó a Grecia en torno al año 2000 aec. Obras de M. Gimbutas como las de 1974 y 1989 describen la cultura de la «vieja Europa», conocida por yacimientos como los de Cucuteni, Starčevo y Vinča, entre otros: una civilización neolítica, agraria y conocedora de la cerámica, también del cobre. Véase también F. Villar ( 1996a, p. 73 ss.) sobre esta cultura y la ocupación indoeuropea. Más adelante se darán argumentos lingüísticos a favor de esta visión de las invasiones indoeuropeas.

Por supuesto, la cultura de la «vieja Europa» de los Balcanes tiene relación estrecha con culturas neolíticas de Grecia (Dímini, Sesclo, Lerna), Chipre (Khirokitia), islas del Egeo, Creta (la base de la civilización minoica) y Asia Menor (Çatal Hüyük). Toda esta cultura influyó grandemente, en los Balcanes y, en Grecia, en la de los griegos: por ejemplo, en su arte decorativo y en sus representaciones de las divinidades, de las fálicas a las animalescas (el toro sobre todo) y al tipo de la diosa desnuda de la fecundidad. Y también en el léxico griego, que presenta muchos elementos no indoeuropeos (o, en todo caso, de un indoeuropeo pregriego, el llamado «pelásgico», otros piensan que es luvita o cario).

Para la historia anterior del problema de la expansión indoeuropea (hipótesis que parten de Germania, Lituania, Escandinavia, la zona danubiana-centroeuropea, los Balcanes, Ucrania, etc.) y para sus argumentos F. Villar (1996a, p. 28 ss). Allí puede verse cómo las antiguas argumentaciones sobre un origen nórdico de los indoeuropeos, a partir de los nombres del «salmón», el «abedul», etc., están hoy arrumbadas.

Por otra parte, una localización de la patria indoeuropea en el norte del Mar Negro es admitida (junto a la danubiana) por P. Bosch y Gimpera (1960) y —como lugar de paso— por Th. V. Gamkrelidze y V. V. Ivanov (1995). En realidad, los Balcanes representan un segundo lugar de paso.

En Villar (1996a, p. 56 ss.) puede verse la crítica de la hipótesis del arqueólogo británico C. Renfrew (1987, traducción al español de 1990) según la cual la indoeuropeización de Europa es, simplemente, su neolitización (sin necesidad de invasión) a partir de un grupo descubridor de la agricultura, en Anatolia, en el séptimo milenio; véase una crítica paralela en J. J. Moralejo (1990, p. 274 ss.) y otra en J. de Hoz (1992). Ignora, sin más, todos los datos lingüísticos, y se adhiere a la moda que rechaza, contra toda la experiencia histórica, las migraciones de pueblos. El que haya difusión cultural sin migración no excluye que haya también migraciones, infinitas veces testimoniadas. Contra esta moda (sostenida, también, entre otros, por C. Watkins en A. Giacalone - P. Ramat[1]).[2] Por lo demás, la identificación de agricultura e influjo indoeuropeo es pura arbitrariedad apriorística.

Otra hipótesis reciente es la repetidamente sostenida por Th. V. Gamkrelidze - V. V. Ivanov (últimamente en su libro de 1995), según la cual el área originaria de los indoeuropeos estaría en la cultura de Halaf, en la alta Mesopotamia, entre los milenios cuarto y quinto aec. Los argumentos de préstamos culturales (carro de guerra y caballo, metalurgia) y lexicales (del semítico y kartvélico, si son ciertos) no exigen esa localización, pueden haberles llegado al N. del Cáucaso; tampoco los posibles rasgos comunes (lexicales, una vez más) de griego e iranio, griego y tocario. Los argumentos propiamente lingüísticos (morfológicos) apenas son tenidos en cuenta.

En realidad, el hecho de que el IE presente préstamos tanto del caucásico del N. como del uralio, hace prácticamente segura la localización de los indoeuropeos, en un momento dado, en la zona del Volga (cf. H. Haarmann 1996 (propone el quinto milenio aec).

Por lo demás, Th. V. Gamkrelidze y V. V. Ivanov admiten la separación temprana de una rama anatolia del IE. Lo que no puede aceptarse de sus ideas es la migración de los griegos (menos los dorios, que habrían ido por el continente) de Anatolia a Grecia (p. 798 ss.), hipótesis sostenida ya antes por V. Pisani.[3] La realidad del griego común y su relación con las lenguas indoiranias exige la existencia de un continuo del Turquestán al N. del Mar Negro y más al O. Por otra parte, existen datos sobre incursiones y asentamientos de los griegos micénicos en Asia en el segundo milenio (la guerra de Troya entra en este contexto), no de movimientos de Asia a Europa. Sobre la expansión micénica puede verse;[4] y sobre la guerra de Troya vista en esta perspectiva,[5] coincide con la tesis de la existencia de un indogriego, según él nacido en la región del Volga inferior y roto después.

Como hace ver bien Villar:[6], las tres patrias que hoy se proponen para los indoeuropeos no están muy distantes: están en torno al Cáucaso, a uno u otro lado del mismo. Tanto los argumentos lingüísticos como los arqueológicos están a favor de la primera hipótesis. En todo caso, que la invasión que trajo a los griegos a Grecia llegó desde el N. hacia el año 2000 aec, parece seguro. [7] La más reciente discrepancia parece ser la de R. Drews (1989), para quien las tumbas del círculo interior de Micenas, de hacia el 1600, corresponderían a los primeros griegos.[8] Para otras propuestas anteriores de una datación reciente de la llegada de los griegos, y su refutación, véase M. Sakellaríou (1980, p. 32 ss.). Aunque en realidad no hay argumentos lingüísticos absolutamente válidos para elegir entre el 2000 y el 1600 para fechar la llegada de los griegos, la arqueología se inclina por la primera fecha (cf. Adrados 1998b).

Aquí puede verse también la crítica de una invasión doria separada, idea como se sabe de John Chadwick (1973, 1985), contra la que también se dan argumentos en Adrados (1998b).

Por contra no parecen del todo aceptables las tesis (sin argumentación lingüística alguna) de A. Häusler, que actualiza la vieja tesis alemana del origen de los indoeuropeos en la llanura de la Europa oriental: niega cualquier relación de ésta con la cultura de las estepas del N. del Mar Negro. En una larga serie de trabajos[9] se esfuerza por negar movimientos de pueblos y culturas en Alemania y Grecia y cualquier relación con los indoeuropeos de las culturas de la cerámica de cordones y de las hachas de combate, en el E. de Europa, de las tumbas y estelas de Micenas, del carro de guerra y el caballo en diversos lugares, etc.

Todo sería indígena (evolución in situ) o procedente de Asia Menor. Pero aunque el carro de guerra y el caballo vengan de allí en el origen, esto no empece a la hipótesis de su extensión entre los indoeuropeos; y la relación de los kurganes indoeuropeos con túmulos funerarios como los de los escitas en Ucrania, los de Tracia (Kasanlak, etc.), Macedonia (Vergina) y Frigia (Gordion), por no hablar del tesoro de Atreo y demás, no es negable.

De la cultura y el léxico indoeuropeos al léxico griego

Es mucho lo que en Grecia quedó vivo de la cultura indoeuropea; y mucho también lo que el léxico griego guarda como resto de esa cultura, incluso de sus elementos ya desaparecidos u olvidados. Si la lengua griega es la continuación de la lengua indoeuropea, más exactamente de alguno de sus dialectos, la cultura griega es continuación de la cultura indoeuropea o de una determinada fase temporal y local de la misma. Y lengua y cultura van unidas. Hemos de ver cómo alguna parte del léxico griego continúa el léxico indoeuropeo, bien en la medida en que continúa reflejando la misma cultura, bien cambiando su semántica para adaptarse a otras circunstancias. Se ha suplementado con léxico nuevo, tomado en préstamo de otras lenguas o especialmente creado, para reflejar las cambiantes circunstancias históricas y culturales.

Se puede en cierta medida reconstruir bien la cultura indoeuropea a través de la arqueología, bien a través de la comparación de las instituciones de los diversos pueblos de ellos nacidos (el griego es uno), bien a través del estudio del léxico. Es la llamada paleontología lingüística: recupera las cosas a través de las palabras. Fue iniciada por A. Kuhn a mediados del siglo XIX y sus últimos resultados pueden verse en el libro citado de Th. V. Gamkrelidze y V. V. Ivanov.[10]

Muy en términos generales, se reconstruyen así las características de un pueblo nómada y guerrero que viajaba en sus carros tirados por cuatro caballos y se asentaba en lugares fortificados, pero no perdía el instinto migratorio. Era una cultura neolítica pero que conocía el bronce, así como la cerámica, el trabajo de la madera y el tejido; había domesticado animales como el toro y la vaca, la oveja, el cerdo y el perro; cultivaba la cebada y cazaba y recogía frutos diversos.

Su organización social estaba basada en la familia patriarcal, que se unía a otras más primarias dentro de fratrías y tribus que a veces se coaligaban bajo la jefatura de un rey con poderes militares, religiosos y judiciales, pero limitados por una asamblea de guerreros. Sabemos de su religión, con su dios del día *Dyēus, sus sacrificios y sus libaciones; de su poesía oral, épica y lírica.

La lengua griega heredó la mayor parte del vocabulario que refleja este tipo de cultura. Por ejemplo, el nombre de la ciudad fortificada (πόλις), los de la organización social y familiar (γένος ‘familia’, πότις ‘señor, marido’, πότνια ‘la del marido, esposa’, πατήρ ‘padre’ y varios otros nombres familiares), los nombres de la casa (δόμος), el hogar (ἑστία) y las artes del trabajo del barro, la madera, el vestido, el tejido, etc. (τεῖχος, τέκτων, ἐσθής, etc.); verbos como cocer (πέσσω), arar (ἀρόω, cf. ἄροτρον ‘arado’), tejer (νέω), ordeñar (ἀμέλγω). También los nombres del dios del cielo (Ζεύς), los animales domésticos (ταῦρος, βοῦς, σῦς, ὄις, κύων, etc.), la cebada (ζειαί) y la 'miel' (μέλι). Υ los de los medios de transporte y guerra (ἵππος ‘caballo’, κύκλος ‘rueda’, ὄχος ‘carro’).

Algunas palabras indoeuropeas que entraron en griego, por ejemplo la del ‘toro’, la del ‘león’ (λέων), la del ‘vino’ (οἶνος), quizá incluso la del ‘caballo’ son, probablemente, «palabras viajeras» que bien el IE, bien el griego, tomaron de complejos culturales del Medio Oriente. Se encuentran paralelos en lenguas no indoeuropeas (sumerio, kartvélico, semítico, etc.).[11] Desde el punto de vista del griego son, ya, palabras indoeuropeas. Puede suceder, sin embargo, que las circunstancias culturales cambien y las palabras continúen, pero cambien de sentido. El ἀρχιτέκτων puede construir ya en piedra y no sólo en madera, el τεῖχος puede no ser ya de barro, el χαλκεύς ‘broncista’ pasa a ser ‘herrero’, el φρατήρ es ahora ‘miembro de la fratría’ y el antiguo ‘hermano de madre’ (ἀδελφός) pasa a ser simplemente ‘hermano’. Si *bhāgós era ‘haya’, como se dice, hubo un cambio de sentido cuando pasó a ser φηγός ‘roble, encina’. Χόρτος es ya simplemente ‘huerto’ y nada tiene que ver con ‘patio, corte’.

De otra parte, no hay que considerar el IE como una unidad. Culturalmente, parece claro que si la domesticación del caballo y el uso del carro pesado de transporte son muy antiguos, el carro ligero de guerra, tirado por dos caballos, es probablemente reciente, de hacia la mitad del segundo milenio; e igual el cabalgar. Por otro lado, ciertos términos culturales (por ejemplo, el nombre de la ‘fortaleza’ o el del ‘bronce’) parecen ser dialectales en ΙΕ. Α su vez, los términos griegos pueden diferir de dialecto a dialecto.

Pero no se trata solamente de léxico. Hoy se está de acuerdo en que la poesía griega primera, épica sobre todo pero también lírica, continuaba el estilo de la poesía oral indoeuropea con sus fórmulas, sus símiles, sus máximas o γνῶμαι, incluso su métrica.

El griego dentro de los dialectos indoeuropeos

En el estado actual de los conocimientos no se puede seguir diciendo, simplemente, que el griego es un derivado del indoeuropeo, es decir, del indoeuropeo unitario y plano de la reconstrucción tradicional, la que llamamos brugmanniana. Todo lo más, se señalaban algunos rasgos del griego que se consideraban como evolución propia de esta lengua.

No hay un indoeuropeo, sino que hay varios indoeuropeos escalonados cronológicamente y divididos en dialectos, también escalonados cronológicamente, de los que derivan las lenguas indoeuropeas que conocemos. Es preciso colocar al griego en este esquema, fijando el dialecto indoeuropeo de que deriva. En realidad, la idea de un escalonamiento temporal del IE no es enteramente nueva. Ya Meillet, Hirt, Specht y Benveniste, entre otros, especulaban, por ejemplo, sobre la evolución de las raíces o el carácter reciente del femenino o el aoristo o la declinación temática; o, más atrás todavía, sobre un original IE no flexional, del que quedan huellas en los temas puros, los primeros términos de los compuestos y ciertos adverbios. Otras teorías buscaban huellas de aglutinación o de adaptación en el origen de ciertas formas flexionadas. Pero se siguió reconstruyendo un solo IE.

El problema se hizo más acuciante cuando fue descifrado el hetita y luego otras lenguas anatolias. En muchos respectos difieren de ese IE reconstruido. Sturtevant propuso una primera solución con su tesis del «indohetita» (1933, 1962, etc.): hetita e indoeuropeo serían dos ramas diferentes de ese antiguo «indohetita». Pero no había un planteamiento que señalara una diferencia diacrónica entre las dos ramas, cuyas características señalaba muy incompletamente. Su hipótesis apenas encontró eco. Se imaginó, en general, que si el hetita no tenía ciertas categorías como el género masculino y femenino, el aoristo, el subjuntivo o el perfecto, es que las había «perdido». Una serie de arcaísmos fonéticos y morfológicos no fueron tomados en cuenta.

A partir de 1962 Adrados planteó en su artículo «Hettitisch und Indogermanisch» la cuestión en otros términos: el hetita procede de un escalón del IE en que todavía no se habían creado la oposición masc./fem., los grados de comparación del adjetivo ni la combinación de varios temas (de presente, aoristo, perfecto y futuro; de indicativo, subjuntivo y optativo) en el verbo. La flexión nominal y verbal era monotemática: de un solo tema, con ayuda de desinencias (incluida la 0), se deducían las flexiones nominales (incluidas las adjetivales y pronominales) y las verbales.

Este IE monotemático (IE II) es un escalón previo al politemático (IE III), que es el de la reconstrucción tradicional. Por supuesto, contiene algunos arcaísmos más: desde las laringales, la falta de cantidad de las vocales o la frecuente identidad de sg. y pl. fuera del N. y Ac, y de N. y G. sg. en los nombres temáticos, hasta ciertos rasgos del sistema desinencial. El IE politemático o III contiene, a más del politematismo, diversas otras innovaciones; y no faltan tampoco innovaciones en el anatolio o bien en sus ramas (el hetita y otras lenguas). Igual que sucede que algunos arcaísmos del hetita se hallan a veces, como tales, en el IE politemático.

Otra propuesta es que la rama del anatolio, representante del IE II, se separó evidentemente en un momento dado del resto del IE; bordeando el Cáucaso pasó a Asia Menor y fue inmune a las innovaciones del resto del IE, al N. del Cáucaso (el IE III). Esto coincide con el hecho de que los más antiguos textos del griego y el indoiranio sean de en torno al s. XV aec y los del hetita, al s. XX aec. Pero no es este argumento el decisivo, sino el lingüístico.

Pero el estudio del IE II y su derivado el anatolio, con sus varias lenguas, no interesa directamente en este contexto: es claro que el griego y las demás lenguas consideradas en la reconstrucción tradicional proceden del IE III, el politemático, el que se difundió desde el año 2000 por Grecia, Irán y la India (el A), más recientemente por Europa y el valle del Tarim (el B). Se considera que este tipo de IE debió de formarse en el curso del tercer milenio antes de la era común: Adrados identifica su expansión con la oleada III de Gimbutas, hacia el 2300 aec. Esto no quiere decir que oleadas anteriores no hayan podido llegar a Europa: a ellas hay que atribuir restos indoeuropeos pregriegos y pregermánicos.

Para la originalidad del IE III, los argumentos lingüísticos, tan descuidados por los arqueólogos, son los decisivos. Se centran en las innovaciones y elecciones, aunque, por supuesto, quedan aquí o allá arcaísmos idénticos a los del IE II: restos de las laringales, uso del tema puro en el L. y en otras funciones, ocasional identidad de N. y G., flexión heteroclítica, verbos conjugados por un solo tema (como εἰμί en gr.), falta del subj. (en báltico y eslavo), indistinción ocasional del mismo y el ind. (en gr., germ., etc.), etc. Hay, incluso, arcaísmos que el anatolio perdió (distinción de los temas nominales en *-o y *-ā, 1.a sg. en *-ō sin desinencia, etc.). También son notables las elecciones: N. pl. en *-ōs y no en *-es, 1.a sg. med. en *-(m)ai y no en *-a, etc.

Todo esto es insuficiente para establecer la genealogía del griego: hacerlo descender del IE III no aporta innovación sobre los planteamientos tradicionales que lo hacían descender simplemente del IE. Únicamente, se ha señalado que este IE III es una fase reciente del IE. Precisando ideas anteriores,[12] y anticipándome a exposiciones más recientes,[13] en sus publicaciones Adrados ha propuesto la existencia de un dialecto del IE que está en la base de griego, indoiranio y armenio (también, sin duda, del tracofrigio). Es el que ha llamado ΙΕ IIΙΑ ο indogriego.[14] Frente a él, lenguas testimoniadas en fecha más reciente y más al O., a saber, las de Europa (báltico, eslavo, germano, latín, itálico, celta), y el E. (el tocario), representarían un ΙΕ ΙΙΙΒ, fundamentalmente innovador: la innovación más importante sería la reducción del sistema verbal a dos temas (aparte del fut.), confluyendo en el segundo el impf., aor. y perf.

Esta es la división fundamental: la antigua en lenguas centum / satəm se refiere a un fenómeno fonético más reciente que se entrecruza variamente con la escisión IE IIIA/B y con otros rasgos. Otra innovación del Β es el uso frecuente de temas verbales en *-ē y *-ā. Por lo demás, no se excluye que dentro del grupo Β queden rasgos arcaizantes, como la desinencia *-r en lat., itál., celt. y toc, la falta de oposición act. / med., de subj. y perf. en bált. y esl., el ocasional monotematismo (por ej. en moli, 2.a-3.a sg. pret.) en esl., etc. Naturalmente, no está excluida la existencia de arcaísmos en uno y otro grupo: el B, aparte de los mencionados, conserva la flexión verbal semitemática, el A conserva mejor el sentido de la raíz y la derivación de temas directamente a partir de ésta (de ahí que a un presente puedan corresponder varios aoristos y viceversa), conserva la oposición del presente e imperfecto marcada sólo por las desinencias; y la riqueza del sistema de derivación y composición. Hay, por lo demás, innovaciones y arcaísmos propios de las distintas lenguas, el gr., i.-i. y arm. en el caso del grupo A.

Pero lo fundamental es la existencia de innovaciones comunes en este grupo A: así, el relativo yo-, el aumento verbal (también en armenio), la eliminación de la flexión semitemática, la creación del perf. med. y del plusc, la adscripción de modos y participios a los distintos temas verbales, la oposición de un tema durativo *bhére/o- y uno puntual *tudé/o-, el futuro en -s- (también en báltico), la tendencia (culminada en i.-i.) a establecer cuatro series completas de desinencias (con desaparición, salvo en los temáticos, del uso del tema puro), la pérdida también (salvo excepciones en i.-i.) de la des. *-r, la falta de temas verbales compuestos (salvo gr. -θη) y de los en *-ē y *-ā (salvo gr. -η), etc.

Por otra parte, el griego innova a veces frente al sánscrito: así en la adscripción de un infinitivo a cada tema verbal y en la casi demolición del complicado sistema de temas de presente derivados de una misma raíz. De todos modos, con todas sus innovaciones, el dialecto IIΙΑ es fundamentalmente arcaico, al conservar los cuatro temas verbales de presente, aoristo, prefecto y futuro. Esto coincide con su más antigua difusión. Ha producido lenguas con una localización meridional y continuada: se extendieron del urquestán al N. del Mar Negro y los Balcanes; luego descendieron al Irán y la India, a Grecia y Asia Menor. Adrados ha propuesto que se trataba de una horda (o conjunto de ellas) meridional, que penetró en Europa por el S. de los Cárpatos; y que sin duda avanzó hacia el O. en fecha más temprana que la de las hordas que penetraron por el N. de los Cárpatos y crearon las varias lenguas europeas de tipo IIIB.

Sin duda, en la horda meridional, portadora del ΙΕ IIΙΑ, los antecesores de los griegos iban en cabeza: desde los Balcanes giraron hacia el S. y tras ellos los tracios; y los frigios y armenios, que pasaron a Asia Menor. En cambio, los antecesores de iranios e indios se movieron (pero no siempre) hacia el E., luego descendieron al Irán y a la India. El establecimiento de los rasgos fundamentales del ΙΕ IIΙΑ es esencial para poder ver cuáles son los arcaísmos, elecciones e innovaciones del griego. Pero hay que señalar que la separación entre las dos ramas o dialectos A y Β no es absoluta: sin duda ha habido contactos entre ellos antes de disolverse la continuidad de las lenguas, todavía en la llanura rusa o europea. A veces toda la rama A o una parte de ella coincide con la B.

La satemización más o menos completa de ciertas lenguas de uno y otro grupo, la coincidencia en la confusión de las vocales, etc., son buenas pruebas. Y luego, hablando de la morfología, citemos, por ejemplo, que el sufijo de superlativo *-isto- está en gr., i.-i. y germ.; la desinencia causal *-bhi, propia del grupo A, está también en lat., celt., etc.; hay concordancias en los pronombres personales (G. de 1.a pers. av. mana, aesl. mene, lit. mané, Ac. ai. mām, aesl. mę), en la negación prohibitiva *mē (en i.-i., gr., arm. y alb.), en el futuro en -s (gr., i.-i., bált), en los participios en -lo (arm. y esl.), en la difusión de temas verbales en *-ē (gr., arm., toc, etc.), en la creación de una flexión completa (pero no en i.-i.) para denominativos y deverbativos, en el N. pl. en *-oi en los nombres temáticos (en gr., lat., aesl., germ., parte del celta), en el dual (gr., i.-i., balto-esl. y en parte del germ.), etc.

Estas son innovaciones o elecciones, según los casos. Pero también hay arcaísmos: así consideramos el sistema nominal de cinco casos, con una forma única de D.-L.-I. (en gr., germ. y celt.), otros consideran esto una innovación. Y la flexión heteroclítica, de que hay huellas en lat. Todo esto es importante porque nos prepara para considerar los hechos del griego: no sólo continúa al ΙΕ IIΙΑ, que a veces no es unitario, también sucede que vaya con tal o cual lengua del IIIB. Esto, aparte de su diferenciación dentro del propio grupo IIIA. Se piensa que, yendo en cabeza de las hordas del IE IIIA, su contacto principal fue con la retaguardia de las hordas del IIIB, sobre todo el báltico y el eslavo: esto se ve por los rasgos comunes.

Dialectos del griego antiguo

La lengua griega de la antigüedad se hablaba no sólo en la antigua Grecia peninsular, sino también en las colonias, dando lugar a los distintos dialectos que conocemos de la misma.

El griego que a menudo se estudia como modelo de lengua de la antigüedad es el que corresponde al dialecto ático, ya que literariamente llegó a superar a todos los demás dialectos, principalmente en los siglos V aec (también conocido como el «Siglo de Pericles») y en el IV aec. En este dialecto escribieron los grandes autores de la literatura griega: los poetas trágicos Esquilo, Sófocles y Eurípides, el poeta cómico Aristófanes, los historiadores Tucídides y Jenofonte, el filósofo Platón y los oradores Lisias, Demóstenes y Esquines. El ático se caracterizaba por su eufonía —poseía cierta calidad musical— debida a la contracción de las vocales y al uso equilibrado de los diptongos, acentos y pneumas; por este motivo y por la importancia comercial y cultural de Atenas, especialmente a partir del Helenismo resultó el dialecto que sirvió de modelo para la constitución del conjunto idiomático común (koiné) de los hablantes de griego.

Historia de la lengua griega

Las lenguas o dialectos griegos constituyen juntos la subfamilia helénica de la familia indoeuropea. Con un registro escrito de unos 3400 años, el griego, es la lengua (propiamente grupo de lenguas) cuyo desarrollo histórico puede seguirse durante un mayor período, rivalizando globalmente tan solo con los escritos en lenguas chinas y egipcias.

La lengua griega, al igual que las lenguas del grupo indoario y armenio, deriva lingüísticamente de los dialectos hablados por una horda indoeuropea que se desplazó a mediados del cuarto milenio aec. desde las estepas del norte del Mar Negro (o Ponto Euxino) al valle bajo del río Danubio. Desde esta región los hablantes de protohelénico se desplazaron en dirección sur, hacia la Península Balcánica, llegando hasta el Epiro y la Macedonia, donde se configuraron dos ramas dialectales diferenciadas: El griego oriental, más innovador y cuyos hablantes se desplazaron hacia el Sur durante la primera mitad del segundo milenio antes de Cristo, dando lugar a los dialectos jónico y aqueo, y el griego occidental, más conservador y del que se derivaron los dialectos dórico y eólico.

Como acaba de exponerse, durante el curso del segundo milenio a.C. cuando llegó a la península griega, y algunas islas del Egeo la primera ola de hablantes de dialectos griegos. Homero llama estos primeros griegos ajaioi (αχαιοι, aqueos), que son citados en las fuentes hititas como ajjiiaua. El habla de estos aqueos es parece ser la base de lo que más tarde constituyó la base de los dialectos jónico-áticos. Se conoce muy poco sobre los pelasgos, habitantes pregriegos de la península griega, que fueron, o bien desplazados, o bien absorbidos por hablantes griegos. Los grupos consonánticos nth y ss que proliferan en la toponimia de Grecia: Knossos, Korinzos, Zakinzos, y en los nombres de plantas: akanza (arbusto espinoso), kyparissos (ciprés), etc. son de origen pelásgico (una lengua de la que no se sabe si era o no indoeuropea). Tampoco sabemos mucho sobre los minoicos de Creta, que nos dejaron numerosas inscripciones en Lineal A y hablaban una lengua no indoeuropea la cual sin embargo con toda probabilidad debe haber dejado —en cuanto substrato— importantes huellas en el griego dado el grado de importancia cultural y socioeconómica a la cual llegaron las civilizaciones minoica y la cicládica en la cuenca del Mar Egeo.

Estos aqueos, muy influidos culturalmente por la civilización minoica (tal como se observa en su arte) dieron lugar a la importante civilización micénica durante la edad de Bronce, que abarca desde el 1500 aec al 1100 aec. Del griego de estas gentes tenemos las inscripciones en escritura Lineal B, derivada de la escritura lineal A minoica. La lengua de estas inscripciones en bustrófedon es claramente una forma de griego, bastante uniforme a lo largo de todo su dominio, que se conoce como griego micénico. En el s. XI aec, la civilización micénica llega a su fin a causa de las invasiones de otro grupo griego, hablantes de dialectos dóricos, que ocuparon el Peloponeso y Grecia Oriental. A esta época le sigue una importante redistribución de pueblos griegos, y el lineal B deja de usarse, entrándose en un época oscura de la que se carece de testimonios escritos directos.

Entre los siglos XI y VIII aec se escribieron los poemas homéricos, basados en una tradición oral anterior que se remontaría a la época micénica. Estos poemas fueron escritos en una mezcla de dialectos eolios y dialectos jónicos y en un alfabeto basado en un modelo fenicio, en el que se reutilizaron ciertos símbolos alfabéticos correspondientes a laringales inexistentes en griego como símbolos para escribir las vocales (en una lengua semítica las vocales no resultan tan necesarias para la comprensión de lo escrito y eso explica en parte porqué los alfabetos semíticos suelen carecer de ellas). Este alfabeto griego sería adoptado por los diversos pueblos griegos y en una de sus versiones fue adaptado por los etruscos y de ellos pasó a los latinos, convirtiéndose en el sistema de escritura más universal.

El dialecto ático de Atenas con una fuerte influencia jónica (llamado también jónico-ático) es la base del griego clásico, la lengua de un período de creatividad literaria sin parangón, que constituyó importante fuente de la tradición cultural occidental, y que comprende a autores como: Esquilo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes, Safo, Anacreonte, Píndaro, Menandro, Platón, Aristóteles, Demóstenes, Herodoto, Tucídides y Jenofonte.

Hacia los primeros años de nuestra era, este griego clásico había sufrido ciertos cambios fonéticos y además había tomado formas de otros dialectos, y habían ido eliminándose algunas peculiaridades que distinguían el área dialectal de Atenas, dando lugar a una forma de griego conocida como hê koinê dialektos (lengua común) o griego helenístico utilizado por los autores de Alejandría (quienes utilizaban el dialecto llamado alexandriné koiné) y Bizancio, que llegó junto con el latín, a ser lengua oficial del Imperio Romano (en el área oriental del Imperio Romano se utilizaba como lengua general la koiné griega, y esto se reforzó al dividirse el Imperio Romano en el 395, de modo que el Imperio Romano de Oriente era un estado preeminentemente grecófono). Durante el período bizantino se registran ciertos cambios fonéticos que harán evolucionar este griego helenístico hacia lo que se conoce como griego bizantino el principal dialecto del llamado griego medieval, la lengua popular de Bizancio, que es la base del moderno griego.

La lengua común

A partir de la unificación de Grecia bajo Filipo de Macedonia, el dialecto ático, ligeramente alterado por el contacto con los demás dialectos, se impuso como lengua literaria en toda Grecia y se extendió con las conquistas de Alejandro Magno a todo el Oriente.

El dialecto resultante se llamó lengua común o koinè glôssa [κοινὴ γλώσσα]. En ella escribieron, entre otros, el filósofo Aristóteles, el historiador Polibio y el moralista Plutarco. Asimismo, este dialecto constituye el fondo del griego bíblico, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

La koinè también se difundió en gran parte de las costas occidentales del Mar Mediterráneo hoy correspondientes a los estados de Italia, Francia y España, de modo que se hablaba o era muy conocida durante el helenismo -por ejemplo- en Neapolis, Tarantos, Siracusa, Panormos, Síbaris, Brindisi, Akragas, Crotona, Region, Nikaia, Monoikos, Antípolis, Massalia, Narbona, Sagunto, Emporion y Cirenaica (noreste de la actual Libia).

Durante el período bizantino la lengua griega perdió su antiguo carácter, por la evolución de sus formas y por la mezcla de elementos extraños, dando origen al griego moderno. De este modo al resurgir el estado griego en el siglo XIX se planteó un dilema, o «depurar» el idioma volviendo al clásico (al llamado kazarévusa) o mantener el ya usual «neoheleno» o demótiko (popular), ha prevalecido la segunda de las opciones aunque en la literatura suele usarse el kazarévusa.

Actuales dialectos

Alfabeto

El alfabeto utilizado por el griego moderno es prácticamente el mismo del griego clásico, sólo se ha modificado el sonido de algunas letras:

En cambio quedaron obsoletas algunas letras dialectales o arcaicas usadas hacia los siglos VII y VI adC tales como la doble gamma o digamma (valor fonético aproximado: [W]), la qoppa ([q]), la sampi o disigma ([hs]) y la stigma ([ts]) y la san ([s]). También cayó en desuso una forma de escribir la letra sigma usada en el koiné alejandrino y en el griego bizantino cuyo grafema era una ce, letra que ha quedado como legado en el alfabeto cirílico con el valor fonético de [s].

Bibliografía

Si desea consultar una lista extensa de libros relacionados con el idioma griego, consulte Bibliografía del griego antiguo.

Véase también

Enlaces externos

Idioma griego

()рэцкая мова (H)i-lia̍p-gú

Citations